La tumba hipogeo de Almedinilla: un espacio excavado en las primeras memorias de Roma en la comarca

En Almedinilla, entre olivares y campos que parecen eternos, se esconde un secreto que el tiempo ha custodiado con paciencia: una tumba hipogeo romana, excavada directamente en el travertino, donde la memoria se hace tangible. Este enclave, silencioso y humilde en apariencia, guarda los vestigios de los primeros pasos de Roma en la comarca, testigo de rituales funerarios, de vidas que se apagaron y de siglos de transformación.
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photo_camera Interior de la cavidad excavada en la roca travertino

En Almedinilla se conserva un enclave poco conocido pero de enorme valor histórico: una tumba hipogeo romana, excavada directamente en la roca travertino, que probablemente formó parte de los primeros enterramientos de la necrópolis de El Ruedo.

Situada en el paraje de "Las Malvinas", esta cavidad probablemente formó parte de los primeros enterramientos de la necrópolis de El Ruedo, datando de los momentos iniciales de la presencia romana en el valle del río Caicena.

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Este tipo de tumba estaba destinada a un uso familiar y selecto, reservada al dominus, propietario de la villa, o al vilicus, el capataz encargado de su explotación. En su interior aún pueden reconocerse las baldas talladas en la propia roca, correspondientes a los loculi, los nichos donde se depositaban las urnas cinerarias tras el ritual de la cremación. 

Originalmente, el acceso no estaba abierto como lo vemos hoy. Probablemente a comienzos del s. XX se le añadió un muro de mampostería con un espacio para embutir una puerta —de la que aún se conservan restos de goznes— y una pequeña ventana, creando un espacio íntimo y protegido.

Un diseño para la eternidad

A diferencia de otras construcciones rupestres de la zona usadas tradicionalmente como leñeras o almacenes, este espacio fue concebido con una finalidad sagrada. Se trata de una cámara rectangular de unos 3,3 metros de largo por 1,9 de ancho, orientada estratégicamente hacia el Sureste. Desde su entrada, los antiguos habitantes podían contemplar una panorámica perfecta del Cerro de la Cruz, el mismo paisaje que hoy sigue cautivando a los visitantes, desde donde hoy puede apreciarse la localidad en toda su extensión.

El destino de la tumba cambió drásticamente con los siglos. Se cree que fue expoliada en la década de 1920 por un personaje local conocido como Frasquito "El Zorro", quien buscaba ajuares y jarritos funerarios para venderlos, llegando incluso a reutilizar las losas de piedra de otras tumbas para cubrir acequias.

Tras este abandono, el hipogeo se integró en la vida rural: sirvió como almacén de frutos, refugio de aperos y, según la memoria oral, hasta como depósito de dinamita para las labores del campo.

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Aunque el paso del tiempo y los saqueos dejaron el interior casi vacío, la limpieza arqueológica moderna recuperó un anillo, un pequeño pero poderoso testimonio de su origen romano. Además, las intensas lluvias de 2011 revelaron un secreto oculto: tras un desprendimiento de tierra, han aparecido indicios de otras posibles tumbas hipogeo justo al lado de la principal, lo que sugiere que este rincón de Almedinilla aún tiene mucho que contarnos.

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Hoy, esta tumba hipogeo, protegida como parte del Bien de Interés Cultural (B.I.C.) de El Ruedo, se ha convertido en un testimonio silencioso del pasado que puede conocerse de cerca gracias a las visitas gestionadas desde la Oficina de Turismo de Almedinilla, donde se ofrece información y se conciertan recorridos para quienes deseen descubrir este enclave singular y otros espacios vinculados al yacimiento de El Ruedo. Para ello, basta con contactar a través de los teléfonos 957 70 33 17 o 606 972 070.

Un rincón discreto, excavado en la roca, que sigue guardando memoria y ofreciendo al visitante una nueva forma de acercarse a la historia de Almedinilla.