PATRIMONIOS | VII. Vigías de la Subbética

El Canuto, Rute.

A través de esta sección denominada Patrimonios de la Subbética, el reconocido director del Ecomuseo del río Caicena y Museo Histórico de Almedinilla, Ignacio Muñiz, te invita a descubrir el rico patrimonio de nuestra tierra de forma amplia y transversal.

Una cita quincenal en la que abordamos de manera vivencial y literaria la riqueza del pasado y presente de la Subbética, paseando a través de su patrimonio histórico, arqueológico, etnológico, o medioambiental de esta rica comarca nacida en el corazón de Andalucía.

En esta séptima entrega, alzamos la mirada hacia las torres y atalayas que aún puntean la Subbética como viejos vigías del tiempo: canutos y fortalezas solitarias que custodiaron una frontera viva, porosa y contradictoria, donde durante siglos se mezclaron guerra y trato, fe y supervivencia, miedo y convivencia. Entre los años en que Castilla y el reino nazarí se miraban frente a frente, estas torres fueron faros de piedra en un territorio liminal, escenario de cautivos y redentores, de mudéjares y cristianos, de romances cantados y silencios vigilantes, dejando en el paisaje una memoria que todavía hoy nos observa desde lo alto.

"Allí respondiera el moro, bien oiréis lo que diría:

-Yo te lo diré, señor, aunque me cueste la vida,

Porque soy hijo de un moro y de una cristiana cautiva;

Siendo yo niño y muchacho mi madre me lo decía

Que mentira no dijese, que era grande villanía:

-Yo te agradezco, Abenámar, aquesta tu cortesía,

¿Qué castillos son aquellos? ¡Altos son y relucían! (1)

Algo característico de la Subbética es la multitud de atalayas que aún despuntan a duras penas en el paisaje. Centinelas de otros tiempos donde fueron faros terrestres en mitad del lindero.

Porque la Subbética fue tierra fronteriza en muchos momentos, y en éstos que las torres proclaman entre cristianos y moros, entre el reino de Castilla y el Nazarí de Granada. Dos largos siglos liminales y duales (entre los años 1238-1492) que además de herida abierta y algarada fue cicatriz de encuentros y mixturas. Lugares intermedios donde la correría, el pillaje y el cautiverio se mezclarían con la laxitud y el alivio de las normas, modelando personajes fronterizos como los adelantados y alcaides, los xerifes, los mudéjares y elches, los alfaqueques y redentores. Territorios de salvaconducto y guidaticum al compás de Fernando III y Alfonso XI, Muhammad I y V, benimerines y nazaríes, abencerrajes y reyes católicos, monjes guerreros y rábitas.

Torre Morchón, en Priego.

Cristianos que se hacían moros, moros que se hacían cristianos, otros que ni moros ni cristianos (o ambos, según dónde y quién), cautivos y redentores que rescataban en ambos lados, comerciantes, soldados y adelantados, matrimonios mixtos y amores posibles e imposibles....poetas que narraban romances de frontera.

En un espacio inestable, las tierras de la Subbética en aquellos entonces serían más del monte y de los pastos que de los labrados, tierras defendidas por los numerosos castillos y por estas torres solitarias, alcores pétreos que aún nos llaman: El Canuto (Carcabuey), Torres Bajera y Alta, Torre Morchón , Uclés, Fuente Alhama, Torre Barcas (en Priego), El Canuto (Rute), Torre de La Plata (Doña Mencía), Torre Hacho, El Canuto, Las Mezquitillas (Benamejí)...la mayoría cilíndricas y de construcción cristiana.

El Canuto, Rute.


Las cilíndricas también se las conoce como “canutos”, normalmente con diámetro en torno a los 6 mts. y una  altura de 12 mts. (Torre Morchón). Se cimentaban directamente en la roca y se construían con mampostería de arena y cal a partir de sillarejos regulares con ripios en hiladas, siendo macizas hasta una altura media alrededor de 5 mts., la misma que tienen las entradas  (habitualmente con quicios y batientes) a las que se accedía a través de escalas de cuerda o madera. En el interior una cámara circular y abovedada de 2mts. de altura con acceso a la terraza, lugar de observación y comunicación con otras tantas atalayas a través del fuego, el humo y los reflejos.

Otras torres (las menos) son cúbicas, más cercanas a castillos, como la Torre de La Plata (Doña Mencía) y Torre Barcas (Priego), pero todas ellas con un pequeño recinto que originalmente serviría para encerrar no sólo a la torre sino a la vivienda y a las dependencias auxiliares del vigía, familia y compañeros (como se nos presenta en la vecina Alcalá La Real, en la aldea de Fuente Alamo, en su atalaya recientemente restaurada).

Torre de La Plata en Doña Mencía.

En la Subbética muchas han desaparecido o sólo conservan los cimientos, otras están desmochadas y muy deterioradas, y sólo unas pocas están bien conservadas o han sido restauradas (como El Canuto de Rute o la Torre de La Plata en Doña Mencía), asunto que en diferentes ocasiones se ha querido subsanar pero que no llega a concretarse del todo.

Y sería menester que se pusiera empeño en ello, porque es un patrimonio único que nos habla de fronteras y romances, de otros paisajes y paisanajes propios y singulares de esta Subbética, que sin embargo ha conservado poco en su toponímia ese sintagma preposicional especificativo:  “de la frontera”, que sí está presente en la llamada Banca Morisca y en multitud de nombres de localidades actuales de Sevilla Málaga y Cádiz, con Aguilar de la Frontera sola en la provincia de Córdoba.

(1) Romance de Frontera de Abenámar (Anónimo).