“En estos pueblos, ¿se escucha
el latir del tiempo? No
En estos pueblos se lucha
sin tregua con el reló,
con esa monotonía
que mide un tiempo vacío” (1)
Diciembre, mes del solsticio de invierno, marcaba el nacimiento de los dioses solares, con Saturno en lugar preeminente, festejado en las Saturnalias desde el 17 diciembre hasta los primeros días de Enero.
Bajo sus largas barbas y la hoz, Saturno, dios primitivo de la Agricultura y el Tiempo que reinó en los tiempos de la abundancia y cuando todos los hombres eran iguales y libres, permitía durante estas fiestas lo que de habitual estaba prohibido. Días alocados con grandes comilonas, borracheras, inversiones sociales (el señor actuaba como esclavo, el esclavo como señor) jugando a darle la vuelta a las cosas, con la burla a las leyes y a los cargos públicos, alborotadas mascaradas y disfraces de animales y del sexo contrario.
El rey de las Saturnales, que reinaba en esa algarabía, se echaba a suertes y nadie estaba exento de ser víctima de alguna broma más o menos pesada. Con el cristianismo será el Día de los Santos Inocentes el que recoja esta tradición, que en la comarca de Priego tenía su expresión particular hasta no hace mucho en los llamados Tontos del Castellar, el Rey de los Inocentes o bromas como las Candongas.
EL 25 de diciembre se celebraba el Natalis Invicti, el nacimiento del Sol invencible, el dios de la luz Mitra, religión de origen Indio y Persa que se extendió por todo el imperio romano y del que existe un magnífico grupo escultórico en el Museo Arqueológico de Córdoba (procedente de la villa romana del Mitra de Cabra y cuya copia a tamaño real se puede ver en el museo egabrense). Mitra, que había nacido de una roca, fue adorado por pastores que dedicaron sus plegarias al niño-dios desnudo, cubierto tan sólo por un gorro frigio.
En la escultura de Cabra se representa a Mitra Tauróctonos, otra vez esa tauromaquia antigua y repetida, ese toro como animal primero, sacrificado por un sacerdote que esta vez sí "hace la cruz" grabándola en su frente, y con montera de gorro frigio retratado hunde, lentamente y en calma, el cuchillo en el cuello del animal, en un sacrificio que le convierte en dios sacrificado, el dios de la fertilidad y la regeneración, mientras el perro lame la sangre de la comunión y la serpiente y el escorpión intentan evitarla.
La Iglesia terminó aceptando estas costumbres fuertemente arraigadas en torno a los ciclos naturales, en este caso al solsticio de invierno, incorporándolas al nuevo ciclo festivo una vez cristianizadas: El Día de los Santos Inocentes, Nacimiento de Jesucristo, Año Nuevo, Reyes, formarán parte del ciclo del Carnaval, al que seguirá el ciclo de la Cuaresma y la Pascua
Hoy, en un mundo mucho más acelerado que el de nuestras abuelas o tatarabuelas romanas, el tiempo ya no se mide por ciclos festivos sino en segundos. Un ritmo enloquecido que nos devora, cual Saturno, con más avidez que nunca. Pero tal vez podemos detener en parte el tiempo visitando la escultura de Mitra de Cabra o algunos de los portales vivientes de la Subbética, como el Portal de Belén viviente de Jauja o el de Almedinilla en el llamado Coliseo. Y para belenes tradicionales (desde los años 50 a los 90... pero siguiendo la estela napolitana) recomendamos visitar los de la colección Marcos Campos que ha ubicado en la iglesia de San Juan de Dios de Priego.
(1) Fragmento del poema LXXXIX de Antonio Machado en su obra: “Soledades, galerías y otros poemas”