Las excavaciones arqueológicas han regresado al Cerro de la Cruz dentro del proyecto "Excavación y Puesta en Valor del Sector Este del Cerro de la Cruz", gracias a una subvención de la Diputación de Córdoba de 26.000 euros y una aportación municipal de 11.000 euros, que permitirán trabajar durante los próximos dos meses.
La intervención busca continuar algunas acciones pendientes de la campaña de 2025 y proseguir con la documentación de un sector que comenzó a exhumarse en 2024. Sin embargo, desde el equipo de arqueólogos, se señala que todo apunta a que será necesaria una cuarta campaña en 2027 para completar la definición íntegra de las estancias, al haberse recibido poco más de la mitad de la subvención solicitada.
Trabajo bajo cubierta en plena sucesión de borrascas
A pesar del temporal y las borrascas que han afectado al cerro —provocando desprendimientos y cortes de carreteras— el equipo ha podido continuar los trabajos bajo la cubierta ampliada con presupuestos del año pasado. Además de la excavación, esta campaña contempla actuaciones de restauración y consolidación de estructuras, así como la eliminación de terreras, una tarea que se prolongará durante un mes adicional. El objetivo es que esta zona, ya parcialmente protegida, quede completamente resguardada de la intemperie.
La intervención está dirigida desde el Museo Histórico por I. Muñiz y cuenta con el siguiente equipo: Emilio Ruíz (técnico), Antonio Sánchez (peón especializado), los arqueólogos Manuel Abelleira y Manuel Ramírez, y Laura Franco, estudiante de Arqueología en la Universidad de Granada, como voluntaria.
Una gran estructura de adobes aún por interpretar
Los trabajos han comenzado con la delimitación de la gran estructura de adobes documentada el año pasado, con muros que alcanzan hasta tres metros de altura. Su interpretación sigue abierta —almacén, hórreo o suspensura— ya que se trata de un espacio muy alterado por antiguos movimientos de tierra, la presión del propio cerro, intrusiones emirales (entre ellas dos basureros) y la erosión.
En la estancia ibérica que se abre a la calle inferior del poblado ha comenzado a aflorar el potente muro occidental de adobes, así como el derrumbe original ibérico. Entre los materiales recuperados ya destacan piezas completas como una tapadera junto a una patella de origen itálico, con cronología coherente con la destrucción violenta del poblado a mediados del siglo II a. C.
En esta misma estancia se han documentado también el agujero practicado en su día por un furtivo y las huellas de las primeras intervenciones arqueológicas de 1987. En los próximos días, el equipo espera alcanzar el suelo original, donde los objetos podrían encontrarse aún en su posición exacta, sellados bajo el incendio y el derrumbe que arrasó el poblado.
Nuevas evidencias de fases tardorromanas y pre-emirales
La campaña ha permitido además documentar una vivienda correspondiente a una fase posterior a la ibérica, en principio pre-emiral (siglos VII-VIII). Con ello se perfila con mayor claridad una fase tardorromana/pre-emiral ya intuida en otras zonas del yacimiento, además de la fase emiral propiamente dicha, que presenta al menos dos momentos diferenciados.
En esta vivienda se ha identificado un hogar de cocina con una pequeña ollita y huesos que, a falta de estudio detallado, podrían corresponder a gallina. También se han recuperado otras piezas, como un posible reposadero elaborado con el fondo de una orza, una jarrita similar a las halladas en la necrópolis tardorromana de El Ruedo y una marmita realizada a torneta o torno lento. En el espacio exterior aparecen dos basureros contemporáneos, uno de ellos reutilizado posteriormente como majano.
El recurso literario del “puchero de Mûsâ”
La denominación del proyecto alude de manera literaria a la escena de un supuesto puchero en plena cocción y a un cocinero llamado Mûsâ (موسى), nombre árabe que apareció grabado hace años en la arcilla fresca de una orza hallada en el Cerro. Una evocación narrativa que ayuda a acercar al público la vida cotidiana de quienes habitaron este enclave histórico, aunque —como subrayan los responsables— se trata únicamente de un recurso literario.