Patrimonios de la Subbética | V. Enero, el mes de los finales y los comienzos

Moneda romana con el dios Jano impreso.

A través de esta nueva sección denominada Patrimonios de la Subbética, el reconocido director del Ecomuseo del río Caicena y Museo Histórico de Almedinilla, Ignacio Muñiz, te invita a descubrir el rico patrimonio de nuestra tierra de forma amplia y transversal.

Una cita quincenal en la que abordamos de manera vivencial y literaria la riqueza del pasado y presente de la Subbética, paseando a través de su patrimonio histórico, arqueológico, etnológico, o medioambiental de esta rica comarca nacida en el corazón de Andalucía.

En esta quinta entrega, nos acercamos al mes de enero como a un umbral simbólico heredado del mundo romano, cuando Ianuarius, consagrado al dios bifronte Jano, marcaba el tránsito entre el pasado y el futuro a través de ritos, ofrendas y buenos augurios que abrían el nuevo año; un tiempo de comienzos, puertas y finales que, con el paso de los siglos, ha seguido latiendo en forma de celebraciones, sincretismos religiosos y tradiciones populares que enlazan la antigüedad clásica con el calendario festivo de nuestros días.

Las puertas del año se abren,
como las del lenguaje,
hacia lo desconocido.
Anoche me dijiste:
mañana
habrá que trazar unos signos,
dibujar un paisaje, tejer una trama
sobre la doble página
del papel y del día.
Mañana habrá que inventar,
de nuevo,
la  realidad de este mundo”
(1)

Ianuarius, el mes del dios romano bifronte Ianus, el de las dos caras, se celebraba en la antigua Roma subiendo al monte Capitolio para depositar en el templo del dios las ofrendas del incienso, el laurel, el vino y la torta ianual. Dios de los comienzos y los finales, de las puertas y los umbrales, dios liminal del pasado y del futuro, su templo capitolino tenía sus 12 puertas abiertas en caso de guerra, y cerradas en caso de paz. Comenzaba así el mes de enero, dedicado al dios Jano.

El 31 de diciembre, víspera de la festividad de las Strenas, se celebraba con enorme bullicio el fin del año, haciendo ofrendas a la diosa Strenia, bajo cuyo auspicio se iniciaba el Año Nuevo. Se deseaban buenos augurios para el año en ciernes y se repartían presentes. Ese día los padrinos o las madrinas daban  regalos a sus ahijados, habitualmente un mazapán con forma de serpiente. También el 5 de enero, en las fiestas de las Compitalia dirigidas hacia los difuntos de la familia, los Manes, se decoraban las casas con muñecos que protegían de la enfermedad y la muerte, para al día siguiente dedicarlo a la amistad con obsequios. Ya del 11 al 15 de enero se festejaban las Carmentalia, en honor a la diosa de la adivinación y los nacimientos: Carmenta, ninfa de las fuentes que tenía el pasado y el futuro entre sus manos.

Entrados en el Ciclo del Carnaval (que antecede a la Pascua) tenemos de nuevo los sincretismos y las raigambres con la religión cristiana y los dos Juanes, el Evangelista y el Bautista (cuyas festividades se celebran el 27 de diciembre y el 24 de junio respectivamente) que no rompían el hilo con los solsticios de invierno y verano.

Este ciclo termina y comienza en la Subbética Cordobesa con la Navidad y el inicio del Carnaval, con tradiciones locales como la celebración de San Antón (día 17) en pueblos como Fuente Tójar y Castil de Campos, y actividades como los concursos de belenes y villancicos que se extienden por la comarca, destacando la preparación para las festividades del Carnaval que se despegan a finales del mes con carrozas y agrupaciones en lugares como Lucena o Cabra.

Los villancicos tradicionales de la Subbética Cordobesa son una rica manifestación de la música popular destacando agrupaciones como los Mochileros de Gaena (Cabra), los Mochileros de Zambra (Rute), la Comparsa La Zambomba o la de Fuente Grande (Almedinilla), así como los mochileros de El Esparragal y  El Castellar (Priego). Hoy las zambombas invictas nos traen ecos de tiempos perdidos que quedan no obstante en los recovecos de la memoria. Genes sonoros escondidos que se asoman en escenarios, calles y hogares para asombrarnos y para decirnos: ¡Mira cómo suena mi turunturuntera! con mochileros que parecen desmembrarse como bacos impenitentes en cada meneo.

El Pilar de Navazuelo en Carcabuey, es una bella fuente histórica datada en 1578 situada a 1033 m y alimentada por aguas calizas del Pico Lobatejo.

Enero es buen momento pues para abrir oídos y dejarse balancear por villancicos y por murmullos de la diosa Carmenta en las numerosas fuentes y manantiales de la Subbética. Entre multitud, destacar por ejemplo la Fuente del Río y la Fuente de las Piedras en Cabra, el manantial de las Palomas, Fuente Dura,  Palancar y Castillejo de Carcabuey;  la Fuente del Rey y el manantial de Zagrilla Alta en Priego; Fuente Ribera en Almedinilla y, otra vez en Carcabuey, el pilar-abrevadero del Navazuelo del año 1578 que, alimentado  por una cañería de atanores derrama el agua en un extenso pilar de planta rectangular de casi 10 m de longitud completado en su extremo sur con tres piletas de planta circular escalonadas de muy bella factura. Muy buen ejemplo de esta simbiosis entre sierra, agua y humanos que se entrelazan como gayomba anudada en nuestra Subbética.

Aprovechando este umbral de enero también podemos visitar en nuestros museos locales las numerosas monedas romanas que tienen a Jano impreso: el As republicano de bronce del siglo II a. C. con el Anverso de las dos caras del dios y, en el Reverso, la proa de una galera con la Leyenda: ROMA, deseando con ello arroyos claros y fuentes serenas para este 2026... y que las 12 puertas del templo se cierren definitivamente y se convierta por fin en la realidad de este mundo.


(1) Fragmento del poema: Primero de enero, de Octavio Paz