Patrimonios de la Subbética | VI. Lavaderos

Fuente Morellana, en Luque. Fue construida en 1930 y tiene adosado en ángulo recto un pilar lavadero del siglo XIX.

A través de esta nueva sección denominada Patrimonios de la Subbética, el reconocido director del Ecomuseo del río Caicena y Museo Histórico de Almedinilla, Ignacio Muñiz, te invita a descubrir el rico patrimonio de nuestra tierra de forma amplia y transversal.

Una cita quincenal en la que abordamos de manera vivencial y literaria la riqueza del pasado y presente de la Subbética, paseando a través de su patrimonio histórico, arqueológico, etnológico, o medioambiental de esta rica comarca nacida en el corazón de Andalucía.

En esta sexta entrega, nos acercamos al rumor del agua y a las voces que aún parecen flotar entre pilas y canalillos para rescatar la memoria de los lavaderos públicos, esos espacios donde el trabajo duro de las mujeres se mezclaba con la confidencia y la vida compartida. Un viaje íntimo y colectivo a un tiempo pausado que, entre espuma de jabón y canciones, sigue hablándonos desde lo más profundo de la memoria.

"En el pilar de la baba, 
lavaba la niña mía; 
como lavaba la baba, 
la baba se le caía" 
(1)

Como arqueologías sonoras, de un pasado muy reciente todavía, parece escucharse la algarabía entre el rumor del agua y las pilas cuando nos acercamos a un lavadero.

Muchas mujeres de cierta edad, aun con lavadoras modernas en sus casas, seguían acudiendo hasta hace bien poco a estos lugares porque además de ser espacios de trabajo (y de trabajo duro) fueron también lugares de encuentro y de socialización, una especie de gineceo aparte donde niñas y grandes contaban y cantaban sus cosas.

Pilas o pozas (a menudo de diferentes niveles para enjabonar y aclarar), canalillos para el agua que viene de fuentes o ríos, y escurridores se mezclaban con el olor a jabón de aceite y sosa, otras veces con la planta de la jabonera (Saponaria officinalis) con sus hojas que al frotarlas producen  espuma jabonosa, o el olor a la gayomba o a las retamas que servían a menudo como secaderos de las prendas lavadas. Un olor que parece llegarnos desde lo más profundo de la memoria, conectando con las infancias.

Las mujeres pertrechadas con sus avíos de cestas, barreños y jabones eran esas guerreras ataviadas con su panoplia cotidiana. Una tabla de madera o una piedra estriada a la altura de las cinturas servían para restregar y golpear repetidamente la ropa durante horas, y una vez aclarada volvía a ser enjabonada, golpeada y aclarada. Era un trabajo muy pesado, pero la situación se prestaba para aligerarlo de alguna manera con chascarrillos, coplillas picaronas y hasta con noviazgos.

En un tiempo acelerado como el nuestro, de redes virtuales y estrépitos, parecen tan lejanos esos tiempos pausados, ese ritmo de vida al compás de los ciclos naturales, que nos dejan impresos cierto vértigo y cierta melancolía. Porque, aunque estamos hablando de una de las tareas más duras encomendadas a las mujeres, se diría que hemos perdido algo importante por el camino. No sé: qué hablen las mujeres.

La mayoría de los lavaderos públicos de la Subbética se construyeron en los años 30 del siglo pasado, aunque los hay más antiguos. Muchos  han desaparecido y otros han sido reformados con más o menos éxito, pero todavía podemos disfrutar de algunos en la Subbética como los de la Calle Loja , Zagrilla Alta, Tarajal y aldea de La Concepción (Priego), los de Las Sileras (Almedinilla), El Higueral (Iznájar), el Pilar de Abajo (Doña Mencía) o el más antiguo de Fuente Morellana (Luque).

(1) Cancionero popular recogido por Enrique Alcalá en “lavanderas y lavaderos en el cancionero popular de la Subbética Cordobesa”