PATRIMONIOS | IX. La Subbética: un mar emergido

Ammonites en el Salto del Caballo de Almedinilla. (Fotografía: Rubén Jurado).

A través de esta sección denominada Patrimonios de la Subbética, el reconocido director del Ecomuseo del río Caicena y Museo Histórico de Almedinilla, Ignacio Muñiz, te invita a descubrir el rico patrimonio de nuestra tierra de forma amplia y transversal.

Una cita quincenal en la que abordamos de manera vivencial y literaria la riqueza del pasado y presente de la Subbética, paseando a través de su patrimonio histórico, arqueológico, etnológico, o medioambiental de esta rica comarca nacida en el corazón de Andalucía.

En esta novena entrega, viajamos millones de años atrás para descubrir que las sierras de la Subbética fueron un día fondo marino del antiguo Mar de Tetis, un océano donde los ammonites —antepasados de pulpos y calamares— dejaron su huella y cuyo latido fósil aún puede leerse en las calizas rojizas y en el llamado “mármol de Cabra”; un recorrido entre geología, memoria y vértigo cósmico que nos invita a mirar hacia abajo con la misma emoción con la que miramos al cielo y a comprender que, en el corazón mineral de Andalucía, todavía respira aquel mar desaparecido.

Su mar total es nuestra sangre,
nuestra carne es toda su piedra,
respiramos con su aire uno,
su fuego único nos incendia” (1)

Quién diría que todas estas sierras fueron un día mar: ¡el Mar de Tetis! en un tiempo geológico y mesozoico (hace 250 millones de años), el tiempo de los reptiles y los dinosaurios, cuando quedaban aún 249 millones de años para que tuviéramos al primer homínido andando a dos patas. Este mar-océano entre los paleo-continentes de Gondwana y Laurasia, recibió en el siglo XIX el nombre de la diosa Tetis, diosa de la fecundidad de los océanos, una especie de abuela protectora tan antigua como los sueños y el Sueño (que era su yerno).

Durante millones de años los animales de ese mar fueron dejando sus cuerpos inertes sobre el fondo marino, y sus huellas fósiles emergieron tras los movimientos de las placas tectónicas de África, Eurasia y la India que, chocando entre sí, provocaron una orogenia en la que todavía estamos (aún sentimos sus crujidos)  haciendo del fondo marino sierras y cordilleras hace 60 millones de años (los Alpes, los Pirineos, el Atlas, el Himalaya...las Sierras Subbeticas). Entre esos animales primeros estaban los moluscos cefalópodos, parientes de pulpos y calamares, que hechos fósiles denominamos ammonites.

Sobre ese fondo marino hecho hoy caliza y margas tenemos hoy en la Subbética multitud de fósiles entre los que destacan diferentes tipos de ammonites (de hecho es el emblema del Parque Natural) sobre todo entre las  calizas y calizas margosas de aspecto noduloso y color rojizo del periodo Jurásico y Cretácico fundamentalmente. Vemos las huellas espirales de estos cefalópodos en el llamado “mármol de Cabra”  como queriendo seguir esa vida submarina a través de columnas, solerías, escaleras, dinteles y zócalos emergidos.

Las faunas de ammonoideos tienen un gran interés científico y cultural porque suministran importantes informaciones geológicas y paleontológicas sobre la bioestratigrafía, la paleobiogeografía, la paleoecología y la evolución de la cuenca mediterránea y submediterránea del antiguo mar del Tetis.

Desde que en 1885 el famoso geólogo W. Kilian visitó el yacimiento fosilífero de la Fuente de los Frailes en la Sierra de Cabra, estas sierras se convirtieron en un referente geológico (Cabra, Carcabuey, Rute y Priego). Nombres como los de la Ermita de Cabra, Cortijo de Frailes, Cortijo Góngora, Cortijo Atalaya, Arroyo Frailes, Arroyo Jarcas, Lanchares, Sima, Santa Rita,  Mojón, Sierra Gallinera, Sierra Pollos, Sierra de Rute, Cerro Camorra, La Tiñosa, río Salado, Las Angosturas, Cañada del Hornillo, Puerto Escaño...son referentes de riqueza fósil en ammonites.

Aparecen esparcidos en fincas o incrustados en calizas y margas (que no deben extraerse). Recientemente Rubén Jurado encontró uno dentro de las margas grises que son la base del cauce del río Caicena, en Almedinilla, junto a la cascada del Salto del Caballo. Debido a las abundantes lluvias caídas desde arriba se destapó lo que vino desde abajo, esa agua marina que sirvió de hogar entre 250 y 66 millones de años atrás a estos ammonites, impresos hoy en margas grises del Jurásico Inferior (Domerense) y el Cretácico durante la era Mesozoica.

Ammonites en el Salto del Caballo de Almedinilla. (Fotografía: Rubén Jurado).


Porque no sólo da vértigo mirar hacia arriba en una noche estrellada, también lo da mirar hacia abajo.

14.000 millones de años desde el primer latido del Universo y 5.000 desde que éste dejó impreso en su cardiograma una esfera de plasma y gas incandescente de hidrógeno y helio. Y 1000 millones de años después: la Tierra, con esa danza circular de hierro y niquel que trajo consigo bacterias y otras vidas hace 3.000 millones de años, una vida dentro de otra vida. Dicen que quedan otros 14.000 millones de años de esta danza universal y que después acabará el baile...pero tal vez no sea más que una apnea descomunal y que, tras un silencio y la nada, ese corazón sensacional volverá con otros tantos latidos.

En este Día de Andalucía que hemos pasado, la Subbética Cordobesa también huele a mar mineral y conserva intacto el asombro fronterizo de un corazón que quiso dejar su latido fósil. Un latido que nos habla de otros tantos latidos repetidos.

(1)Fragmento del poema: Réquiem de vivos y muertos de Juan Ramón Jiménez