Reportaje

Conoce la Ruta de las Norias del Río Genil: un viaje a la memoria del agua en Benamejí

Patrimonio, naturaleza y memoria rural se unen en una de las rutas más evocadoras del Genil, donde las antiguas norias de origen árabe recuerdan el ingenio que impulsaba el agua hacia las huertas en tiempos en lo que este afluente del Guadalquivir que nace en Granada corría con más fuerza, hoy restauradas en un paisaje de pinares, olivares y frondoso bosque de ribera.
571358982_1378491514280029_4286794885592495944_n
photo_camera Una pareja de senderistas junto a la Noria de la Huerta de los Cruces (Imagen: Benamejí a tu Ritmo)

Benamejí no solo se recorre: se escucha. Suena en los pinares que se agitan con el viento, en las huertas que aún respiran tradición y, sobre todo, en el rumor constante del Genil, que desde hace siglos da forma al paisaje y a la vida de este rincón de la Subbética Cordobesa. Aquí, donde el río dibuja meandros caprichosos, nace la Ruta de las Norias del Río Genil, un recorrido circular de 8,68 kilómetros que enlaza naturaleza, patrimonio y memoria agrícola.

paisaje
Pinares de repoblación en las inmediaciones de la Ruta de las Norias de Benamejí.

Es un paseo que invita a bajar el ritmo. A lo largo del camino el sendero se abre entre pinares de repoblación, olivares, frutales y el frondoso bosque de ribera, donde se suceden álamos, chopos blancos, sauces, tarajes, adelfas y espinares ribereños. No es difícil cruzarse con conejos o ver garzas y ánades reales levantando el vuelo. Desde las laderas del cerro del Castillo, los cernícalos, milanos reales y halcones peregrinos completan esta estampa viva.

Mapa de la Ruta de las Norias de Benamejí. (Imagen: Benamejí a tu Ritmo).
Mapa de la Ruta de las Norias de Benamejí. (Imagen: Benamejí a tu Ritmo).

Ingenios de agua: la arquitectura que movió la riqueza rural

El recorrido combina el trazado del PR-A 160 (Sendero del Camping) con parte del itinerario Paisajes con Historia: Ruta de las Norias del Río Genil. Juntos conforman un conjunto único de ingenios hidráulicos de enorme valor histórico. Las tres norias de la margen derecha —Huerta de Las Cruces, Isla de San Miguel y Campo del Castillo— fueron herramientas esenciales para el riego de las huertas cercanas hasta finales de la década de 1960, cuando la construcción del pantano de Iznájar redujo el caudal del Genil.

Río Genil. (Imagen: Diputación de Córdoba).
Río Genil. (Imagen: Diputación de Córdoba).

Su origen hunde las raíces en Al-Andalus. Los árabes idearon estos sistemas que aprovechaban la fuerza del río para elevar el agua hacia bancales y cultivos. En Benamejí, estas norias formaron parte de la vida cotidiana durante siglos, hasta convertirse hoy en un testimonio imprescindible para entender los modos tradicionales de trabajo y el vínculo entre el hombre y la naturaleza.

La Noria de Los Cruces: la más antigua

Es la decana del conjunto. Su rueda de doce metros de diámetro y sus soportes de mampostería conservan la esencia original. Una acequia de obra —elevada casi tres metros del suelo— muestra su canal, contrafuertes, peldaños y un arco carpanel que permitía acceder a ella antiguamente. Incluso permanece el canal de retorno del agua sobrante hacia el río.

Noria de la Huerta de los Cruces (J. Torres Garrido, abril 2014)
Noria de la Huerta de los Cruces (J. Torres Garrido, abril 2014)

La restauración de este conjunto es un acto de respeto hacia un patrimonio industrial que habla de los siglos XIX y XX, pero que remite a una tradición mucho más antigua. Las huertas, conocidas tradicionalmente como Los Cruces, recuperan así el apellido de sus antiguos propietarios y con él una identidad que hunde sus raíces en la historia del agua.

Noria de la Isla de San Miguel: una rueda renacida

Ubicada en una isla abrazada por el Genil, conserva su base original y una tolva construida con ladrillos procedentes de los antiguos alfares de El Tejar de Benamejí, además de materiales reutilizados de época romana. Su entorno sigue siendo una rica zona de huertas en explotación.

Cangilones de la Noria de la Isla de San Miguel
Cangilones de la Noria de la Isla de San Miguel. (Imagen: Diputación de Córdoba).

La reproducción actual de su rueda hidráulica de 12 metros responde a un objetivo didáctico: mostrar cómo funcionaba en su esplendor. Se han recreado los cangilones y palas de madera, las compuertas y la artesa que conducía el agua hacia la tolva, permitiendo al visitante comprender el ingenio mecánico que movió estas tierras durante generaciones.

Noria del Campo del Castillo: agua a los pies de una fortaleza

La tercera parada se sitúa al resguardo de las ruinas del castillo Gómez Árias, que corona el cerro.

Ruinas del Castillo de Gómez Árias
Ruinas del Castillo de Gómez Árias

Aquí, entre el sotobosque y con vistas privilegiadas a los viaductos monumentales de la A-45, la noria del Campo del Castillo ofrece un rincón especialmente pintoresc o y cargado de evocación.

Noria del Campo del Castillo. (Imagen: Diputación de Córdoba).
Noria del Campo del Castillo. (Imagen: Diputación de Córdoba).

Es un lugar donde el paisaje se funde con la historia: un espacio para detenerse y comprender que, hasta hace no tanto, la primera riqueza del mundo rural pasaba por el manejo del agua y el conocimiento íntimo del medio natural.

El puente de Hernán Ruiz II, un gigante renacentista

A un kilómetro del inicio de la ruta emerge otro protagonista del itinerario: el Puente de Hernán Ruiz II, construido a partir de 1550 por encargo de D. Diego de Bernuy y considerado una de las obras más relevantes del renacimiento cordobés. Maestro mayor de las catedrales de Córdoba y Sevilla, Hernán Ruiz II dejó aquí su único puente de nueva planta totalmente ejecutado por él.

Puente de Hernan Ruiz. (Imagen: Diputación de Córdoba).
Puente de Hernan Ruiz. (Imagen: Diputación de Córdoba).

Su tablero se sitúa a veinte metros sobre el río, sostenido por tres arcos de medio punto —el central, de treinta metros de luz— que combinan tradición medieval y proporciones renacentistas. Sus sillares regulares de piedra fosilífera y el pretil achaflanado componen una obra tan sobria como majestuosa, que durante siglos sirvió al antiguo camino de Antequera.

Un final que invita a volver

La ruta concluye entre olivares, huertas y un bosque de ribera que acompaña al senderista con nuevas panorámicas del puente renacentista. El paisaje, quieto y luminoso, deja claro que este recorrido no es solo una caminata: es una lección de sostenibilidad, una mirada al pasado desde un presente que quiere conservarlo y una invitación a vivir Benamejí a través de su historia.

Porque aquí, entre norias centenarias y el rumor del Genil, caminar es recordar.

Para aquellas personas interesadas en realizar este sendero, es posible consultar todos los detalles a través del portal Wikiloc, en este enlace.