Cuidar la tierra, sembrar el futuro: El IAS-CSIC destaca su importancia en el Día Internacional de la Conservación del Suelo
El suelo, esa fina y valiosa capa de materia fértil que recubre la superficie terrestre, necesita cientos de años para formarse. Sin embargo, un manejo inadecuado puede acelerar su pérdida en cuestión de instantes, ya sea por la acción del viento o de la lluvia. Por ello, su conservación debe entenderse como una prioridad global, especialmente si consideramos que los procesos de degradación, como la erosión, avanzan a un ritmo mucho mayor que su capacidad natural de regeneración. En este contexto, resulta fundamental fomentar prácticas agrícolas sostenibles y reforzar los esfuerzos destinados a su preservación.
Por eso, coincidiendo con el Día Internacional de la Conservación del Suelo, el Laboratorio de Erosión del Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC), con sede en Córdoba, quiere recordar su importancia y la necesidad de cuidarlo.
Este centro del CSIC trabaja en múltiples líneas de investigación para conservar el suelo y el agua. Una de ellas es el proyecto europeo MARVIC, que estudia cómo medir el carbono almacenado en suelos agrícolas y reducir emisiones de gases de efecto invernadero. En este contexto, el olivar andaluz se presenta como un gran aliado: bien gestionado, actúa como sumidero de carbono, mejora la fertilidad del suelo y contribuye a conservar la biodiversidad.
Otra línea de trabajo consiste en el análisis de ortofotos históricas desde 1956 para estudiar la evolución de las cárcavas —profundas incisiones provocadas por la erosión— en la campiña cordobesa. A partir de esas imágenes, los investigadores han logrado cuantificar volúmenes de tierra perdidos y proponer soluciones técnicas como diques de contención.
Para trasladar ese conocimiento a técnicos y agricultores, el IAS ha desarrollado herramientas como la app TUdi, que permite evaluar la salud del suelo en aspectos como erosión, compactación o fertilidad. También se han editado guías prácticas sobre estructura del suelo, cubiertas vegetales en olivar y evaluación de erosión, con criterios técnicos y ayudas para la toma de decisiones en campo.
Además, se han abordado problemas emergentes como la contaminación por microplásticos en suelos agrícolas, objeto de una tesis doctoral recientemente defendida. En el plano internacional, el laboratorio colabora con universidades de China y la República Checa para intercambiar conocimientos sobre modelado de procesos erosivos y manejo agrícola sostenible.
La labor científica se complementa con una intensa tarea divulgativa: el equipo participa en actividades como la Noche Europea de los Investigadores, congresos nacionales e internacionales como Expoliva y Agro-HUB, o iniciativas para acercar la ciencia a la sociedad. Como recuerda el investigador José Alfonso Gómez, responsable del grupo: “Compartir los avances con la ciudadanía es esencial para proteger el suelo y avanzar hacia una agricultura más sostenible”.