LUCENA

La revista 'American Journal of Biological Anthropology' dedica un amplio artículo al hallazgo en la Cueva del Ángel del segundo fósil humano más antiguo de Andalucía

Fotografía de la raíz (izquierda), aún embutida en el bloque de brecha, y la corona (derecha).

Se trata de un molar hallado en 2019 en la zona exterior de la cueva con una antiguedad estimada de 104.300 años

La prestigiosa revista American Journal of Biological Anthropology ha publicado esta semana el artículo titulado A human lower third molar from the Acheulean site of Cueva del Ángel (Lucena, Córdoba, Spain) (https://doi.org/10.1002/ajpa.24677), sobre el hallazgo y estudio del primer resto humano –un molar– encontrado en la Cueva del Ángel de Lucena.

El estudio está firmado por diversos integrantes del equipo de investigación que lideró Cecilio Barroso y que desde 1995 ha trabajado en la excavación y estudio del yacimiento con participación de distintas instituciones nacionales e internacionales.

Según destaca la Fundación Instituto de Investigación de Prehistoria y Evolución Humana a través de una nota de prensa, "la aparición de este molar sitúa a la Cueva del Ángel entre los escasos yacimientos andaluces que han proporcionado fósiles de homininos", entre los que destaca por su número la cueva del Boquete de Zafarraya (Alcaucín, Málaga), excavada por el propio Cecilio Barroso entre los años 80 y 90.

El espécimen fue hallado casualmente en el verano de 2019, durante la campaña de excavación preventiva en la zona exterior del yacimiento, que confirmó la extensión del yacimiento y permitió realizar algunos hallazgos de superficie. Entre éstos, se recogió un bloque de brecha en el que se encontraba el molar, que se preserva en dos fragmentos: la corona, por una parte, y la mayor parte de la raíz, por otra, en un buen estado de conservación.

Segun se indica en la nota de prensa "la procedencia del molar puede estimarse en los niveles más recientes de ocupación del yacimiento". Los pequeños fragmentos de dentina desprendidos de la raíz permitieron realizar una datación directa del molar por el método conocido como "racemización del ácido aspártico", estimando una antiguedad de 104.300 años, lo que lo sitúa en la última fase de ocupación del yacimiento antes del colapso de la cueva.

De este modo, afirma la Fundación Instituto de Investigación de Prehistoria y Evolución Humana, el molar de la Cueva del Ángel es el fósil humano más antiguo de la provincia de Córdoba y uno de los más antiguos de Andalucía, sólo tras el molar deciduo de Barranco León (Orce, Granada). La pieza dental se encuadraría en el inicio del Pleistoceno Superior, en una fase climática denominada Estadio Isotópico Marino 5, cuando el continente estaba habitado por neandertales tempranos. Los fósiles de estos neandertales tempranos son extremadamente raros en la Península Ibérica, donde sólo se han hallado algunos restos aislados en Lezetxiki (Mondragón, Guipúzcoa), la Cueva del Camino (Pinilla del Valle, Madrid), el Dalt del Tossal de la Font (Vilafamés, Castellón), la Cova del Bolomor (Tavernes de la Valldigna, Valencia), la Cova Negra (Játiva, Valencia) y la cueva de la Carihuela (Píñar, Granada).

El molar de la Cueva del Ángel se sometió además a una microtomografía computarizada (micro-CT), técnica que permite, con una gran resolución, realizar una reconstrucción tridimensional de la pieza y separar los diferentes tejidos (esmalte y dentina), para así acceder a la estructura interna del molar de forma totalmente inocua, superando así las limitaciones que el desgaste dental puede ofrecer para la observación de los rasgos anatómicos.

El molar de la Cueva del Ángel es un tercer molar mandibular perteneciente a un neandertal temprano con una antigüedad de más de 100.000 años. Presenta las características típicas de los molares neandertales, aunque algunos rasgos lo acercan a otras poblaciones como la de la Sima de los Huesos de Atapuerca.

La fundación señala en su nota de prensa que "este hallazgo responde al duro trabajo que el equipo de investigación lleva desarrollando en el yacimiento de forma altruista desde 1995, y que ha permitido conocer en profundidad los hábitos de vida y el comportamiento de esta población  prehistórica y supone la primera pieza para, además, poder caracterizar a estos humanos y comprender sus relaciones con otras poblaciones del Pleistoceno", expresando, una vez más, su deseo de que "se nos permita continuar su excavación".