La lluvia y el frío quisieron poner a prueba anoche a Lucena, pero no pudieron con una tradición que ya forma parte del ADN colectivo de la ciudad. La Cabalgata de la Ilusión, organizada por la Peña Amigos de los Magos, volvió a recorrer las calles del centro urbano desafiando a una meteorología incómoda, demostrando que, cuando llegan los Reyes Magos, la ilusión siempre acaba imponiéndose.
No fue un comienzo fácil. A las siete de la tarde, hora fijada para la salida, un aguacero obligó a retrasar el inicio del desfile. El ambiente era desapacible y las aceras se llenaban de paraguas abiertos, pero la espera mereció la pena. Cuando la cabalgata finalmente se puso en marcha entre los aplausos del público, la magia hizo su trabajo y Lucenavivió, un año más, su cita anual con la noche más esperada por pequeños y mayores.
Aunque los condicionantes meteorológicos se dejaron notar en la afluencia de público, especialmente en el segundo tramo del recorrido, los asistentes encontraron recompensa en un desfile que volvió a brillar por su ingenio, imaginación, colorido y buen gusto. La edición de este año volvió a cifras de récord: 22 carrozas –el máximo previsto–, de las cuales 12 participaron en el concurso oficial, consolidando una larguísima comitiva.
El despliegue humano fue igualmente espectacular. Unas 2.300 personas formaron parte directa del cortejo, entre músicos y participantes disfrazados, tanto sobre las carrozas como a pie. A ello se sumó una auténtica lluvia de ilusión: 3.000 kilos de caramelos, 10.000 peluches, 9.000 juguetes y 75.000 bolsas de chucherías.